Doce escritores suicidas (I)

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Fuente: opsicologoonline.com.br

Depresión, deudas, enfermedad… Son numerosos los motivos que han llevado a diversos escritores a quitarse la vida. En Apuntes de Babel hemos realizado una selección de doce escritores que se suicidaron. Os contamos los motivos que tuvieron para hacerlo y cómo lo llevaron a cabo.

Virginia Woolf

Virginia Woolf sufría trastorno bipolar. Tras años de depresiones, crisis de ansiedad y ataques de nervios, la escritora decidió quitarse la vida. Lo hizo a los cincuenta y nueve años, y el método que empleó para suicidarse fue llenarse los bolsillos de piedras y lanzarse al río Ouse. Ocurrió en la mañana del día 28 de marzo de 1941. Su cuerpo fue hallado casi un mes después de esa fecha. Se despidió de su marido, Leonard Woolf, con esta desgarradoras líneas:

Querido:

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Virginia Woolf.
Fuente: Wikipedia.

Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.

V.

Leopoldo Lugones

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Leopoldo Lugones.
Fuente: Wikipedia.

Nunca han estado del todo claros los motivos que llevaron a Leopoldo Lugones a suicidarse a los 63 años. El argentino, que no bebía alcohol, se envenenó con una mezcla mortal de whisky y cianuro. Sucedió el 18 de febrero de 1938 en una hospedería llamada “El Tropezón” (Buenos Aires).

Posiblemente se quitó la vida por amor. Lugones se enamoró de una joven estudiante llamada Emilia cuando ya pasaba de los cincuenta años. El hijo del escritor, Polo Lugones (torturador de profesión), descubrió la aventura de los amantes cuando ya llevaban juntos doce años e intercedió para que se separasen. Poco tiempo después, el poeta tomó la decisión de matarse. Sin embargo, los problemas abundaban en la vida de Lugones por aquella época, por lo que su muerte supone un enigma del que nadie conoce la respuesta.

Los dueños de la hospedería encontraron el cuerpo sin vida de Lugones al día siguiente, en su habitación. También descubrieron allí una carta del poeta en la que explicaba que voluntariamente se iba a quitar la vida, que no era capaz de terminar una biografía que estaba escribiendo y que  su deseo póstumo era que lo enterraran sin ataúd.

Alejandra Pizarnik

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Alejandra Pizarnik.
Fuente: Wikipedia.

Alejandra Pizarnik intentó quitarse la vida dos veces antes de hacerlo definitivamente la mañana del 25 de septiembre de 1972, cuando tan solo tenía 36 años. Poco a poco, la poeta perdió la cordura y, debido a una severa depresión, ingresó en un hospital psiquiátrico de Buenos Aires.

En un permiso de fin de semana, Pizarnik se suicidió ingiriendo una gran cantidad de barbitúricos, tras años de desequilibrio, dolor y melancolía.

José María Arguedas

José María Arguedas.
Fuente: Wikipedia.

La depresión también fue el motivo que llevó al suicidio al escritor peruano José María Arguedas. La muerte de su madre, la ausencia del padre y la mala relación con su madrastra hicieron de Arguedas una persona dolida, melancólica y desagraciada durante toda su vida.

En 1966, cuando contaba con 55 años, intentó suicidarse por primera vez. Sin embargo, consumó la decisión de quitarse la vida tres años después, cuando se disparó un tiro en la cabeza en un salón de la Universidad Agraria La Molina. No murió en el momento. El escritor agonizó durante cuatro días hasta que, finalmente, falleció.

Arguedas dejó escritas varias cartas de despedida en las que explicaba que se sentía incapaz de vencer la depresión y que ese era el motivo que le llevó a quitarse la vida.

Alfonsina Storni

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Alfonsina Storni.
Fuente: Wikipedia.

En el verano de 1935, Alfonsina Storni supo que tenía cáncer de mama. Mientras se bañaba en el mar, una ola chocó contra su pecho y ella se desvaneció por el dolor. Cuando se recuperó, tocó la parte dolorida y se percató de que tenía un nódulo. Fue operada, pero el cáncer continuó, por lo que atravesó continuas depresiones. Desde entonces llamó al mar en sus poemas y mencionaba a menudo el abrazo de la mar y de la casa de cristal que la esperaba en el fondo.

Le escribió una carta a su único hijo, Alejandro, de 26 años, para despedirse de él. A la una de la noche del 25 de octubre de 1938 salió de su casa y se dirigió hacia el mar. Sus biógrafos aseguran que saltó al agua desde unas rocas, pero en el imaginario colectivo ha permanecido la leyenda de que la poeta se introdujo en el mar y caminó hasta que desapareció. Horas más tarde, dos jóvenes obreros que paseaban por la playa La Perla encontraron su cuerpo.

Emilio Salgari

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Emilio Salgari.
Fuente: Wikipedia.

El harakiri (rito japonés que consiste en abrirse el vientre con un cuchillo) fue el método que el italiano Emilio Salgari, autor de Sandokán, escogió para quitarse la vida. Su éxito en el terreno literario no se extendió al ámbito privado.

Al final de sus días, un Salgari acosado por las deudas, tuvo que ingresar a su esposa en un sanatorio debido a una terrible enfermedad mental. El escritor, absolutamente deprimido y arruinado, decidió quitarse la vida el 25 de abril de 1911 en Turín a los 48 años. Escribió dos cartas de suicidio: una, para sus cuatro hijos, y la otra, que reproducimos a continuación, para sus editores:

A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor, sólo os pido que, en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma. Emilio Salgari.

 

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